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¿Eres inversionista? Aquí 5 recomendaciones para que no pierdas dinero

El 2017 fue un año difícil a nivel nacional y global. Dónde invertir en 2018 es la gran pregunta que todos han empezado a hacerse. Buscar la mejor opción e informarse parece ser la clave para tomar las mejores decisiones para no poner en riesgo su dinero. La perspectiva económica global: ¿‘miedo la inflación’? La baja volatilidad de los mercados financieros enfatiza la convicción de los inversionistas de que las tendencias económicas globales a largo plazo de crecimiento modesto e inflación moderada también definirán los ciclos a corto plazo. Sin embargo, los riesgos están en confundir la tendencia con el ciclo. El riesgo más pronunciado de 2018 es que los mercados laborales globales que ya están constreñidos se reduzcan más, lo que finalmente llevaría a un repunte cíclico en la inflación. Un aumento rápido en los salarios o la inflación en 2018 podría llevar a que los mercados anticipen una normalización más agresiva de las tasas de interés históricamente bajas de lo que los bancos centrales ya están llevando a cabo o contemplando, y de esa manera producir una rápida sacudida al mercado. Perspectiva de inversión global: mayores riesgos, menores rendimientos Para el año 2018 en adelante, la perspectiva de inversión es modesta, en el mejor de los casos. Es poco probable que las valoraciones elevadas, la volatilidad baja y las tasas de interés temporalmente bajas sean aliados para rendimientos sólidos del mercado financiero en los siguientes cinco años. Los riesgos negativos son más elevados en el mercado de renta variable que en el mercado de bonos. La solución a este desafío no son los nuevos objetos brillantes ni cambios agresivos de las tácticas. Su perspectiva de mercado enfatiza la necesidad de que los inversionistas se mantengan disciplinados y diversificados globalmente, armados con expectativas de rendimiento razonables y estrategias de costos bajos. Crecimiento económico: la clave es el desempleo y no el crecimiento Se espera que el crecimiento económico en los mercados desarrollados continúe siendo moderado en 2018, mientras que el fuerte crecimiento de los mercados emergentes debería suavizarse un poco. No obstante, en esta etapa del ciclo, los inversionistas deberían prestar más atención a las tasas de desempleo bajas que al crecimiento del PIB. Vemos que las tasas de desempleo bajas en muchas de las economías están disminuyendo aún más. Mejorar los fundamentos económicos en los Estados Unidos y Europa debería ayudar a compensar la debilidad en el Reino Unido y Japón. Los continuos esfuerzos de China para reequilibrarse de ser un exportador intensivo de capital a una economía más basada en el consumidor siguen siendo un riesgo, al igual que la necesidad de ajustes estructurales al modelo de negocios en las economías de los mercados emergentes. No anticipamos un “aterrizaje forzoso” chino en el 2018, pero la economía china debería desacelerarse. Inflación: secularmente baja, pero aumentando cíclicamente Las fuerzas seculares de la globalización y la alteración tecnológica dificultaría más el logro del 2 por ciento de inflación en los Estados Unidos, Europa, Japón y en otras partes. Se mantiene esta opinión sobre la tendencia, pero el ciclo puede variar. En 2018, el impacto del crecimiento de factores cíclicos como la constricción de los mercados laborales; el crecimiento global estable y más amplio, y un nadir potencial en los precios de las materias primas es probable que empuje más alto la inflación global desde puntos cíclicos más bajos. La relación entre las tasas de desempleo más bajas y los salarios más altos, declarados muertos por algunos, debería empezar a resurgir en 2018, empezando en los Estados Unidos. Política monetaria: el final de una era El riesgo en 2018 es que un rebote en los salarios más alto de lo esperado, a un punto en que el 80 por ciento de las principales economías (ponderado por la producción) estén con pleno empleo, puede llevar a los mercados a reflejar en el precio un proceso o ritmo más agresivo de la normalización de la política monetaria global. El candidato más probable es Estados Unidos, donde se espera que la Reserva Federal aumente las tasas al 2 por ciento para finales de 2018, un ritmo más rápido de lo anticipado por el mercado de bonos. El Banco Central Europeo probablemente está a dos años de aumentar las tasas o reducir sus compras de bonos, aunque un aumento cíclico podría llevar a una sorpresa en el mercado. En general, hay una alta posibilidad de sacudidas inesperadas a la economía durante esta fase de restricción, al igual que la posibilidad de que la reducción del balance general tendrá un impacto impredecible en los precios de los activos. Perspectiva de inversiones: una órbita más baja El cielo no se está cayendo, pero la perspectiva de mercado se ha atenuado. Desde los momentos más extremos de la crisis financiera global, la perspectiva a largo plazo de Vanguard para los mercados globales de renta variable y bonos se ha vuelto más precavida gradualmente (evolucionando de alcista en 2010 a formativa en 2012 a cautelosa en 2017) a medida que los rendimientos del mercado han aumentado (y hasta sobrepasado) con fundamentos mejorados. Aunque estamos presionados con encontrar evidencia convincente de burbujas financieras, las primas del riesgo para muchas clases de activos parecen escasas. La línea divisoria eficiente de los rendimientos esperados del mercado para una unidad de riesgo de la cartera ahora ronda en una órbita más baja. Con base en las medidas de \”valor justo\” de Vanguard, en la valoración de las acciones, se deterioró un poco la perspectiva a mediano plazo para las inversiones de renta variable globales y ahora está centrada en el rango del 4 por ciento al 6 por ciento. Los rendimientos esperados para el mercado de acciones de Estados Unidos son más bajos que los de otros mercados, enfatizando los beneficios de las estrategias globales de las inversiones de renta variable de cara a rendimientos esperados más bajos. A pesar del riesgo de una aceleración a corto plazo en el ritmo de la normalización de la política monetaria, el riesgo de un aumento importante en

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El impacto económico de los sismos

Siempre que hay un desastre natural, en especial como los temblores del pasado 7 y 19 de septiembre, surgen preguntas sobre el impacto económico, en especial en términos de crecimiento económico, inflación y el costo de las reparaciones. No obstante, son difíciles de contestar ante la falta de datos duros. Pero aun en el caso de contar con información más veraz, ésta se obtiene con un rezago significativo, posiblemente hasta de años después. Por ejemplo, se estima que el terremoto de 1985 costó entre 2% y 3% del PIB de aquellos años, pero todavía está abierto a debate. A los dos días de la tragedia, Citibanamex publicó una nota oportuna en la que sostiene que el impacto será relativamente moderado en cuanto a la actividad económica, probablemente restando entre 0.3% y 0.4% al crecimiento del PIB del tercer trimestre y una reducción de 0.1% al crecimiento del año. Adoptó un enfoque de ajuste en días laborales ante el hecho de que la actividad productiva se detuvo brevemente en ciertas regiones del país. Banorte emitió una nota similar con estimaciones parecidas. El Banco Base dijo que reducía su estimado de crecimiento para 2017 en 0.2 puntos porcentuales. En cambio, Moody’s divulgó una nota que sostiene que no ve cómo el daño puede afectar el desempeño de la actividad económica en el año, por lo que mantiene su estimado de crecimiento para éste y el próximo año. En cuanto a los daños, un análisis realizado por el Servicio Geológico de Estados Unidos estima daños entre 1,000 y 10,000 millones de dólares (mdd), por lo que proyecta que el impacto podría llegar hasta 1% del PIB. A los pocos días, empezaron a salir estimaciones del gobierno, como del estado de Chiapas que estimó sus daños en 4,500 millones de pesos (mdp). El gobierno federal reportó que la reconstrucción de los daños causados por los sismos costará por lo menos 39,150 mdp, mediante la reparación de 153,545 viviendas, 12,931 escuelas y 1,225 inmuebles históricos. Sin embargo, todas estas estimaciones provienen de cálculos hechas sobre las rodillas, sin fundamento en datos duros. Por lo mismo, no hay más que aplaudir el esfuerzo de Inegi de haber levantado una encuesta expresa sobre las afectaciones de los sismos, que se publicó a los diez días del temblor del 19 de septiembre. Nunca había visto una encuesta oficial similar ante una emergencia de este tipo, por lo menos en un país emergente como la nuestra. La encuesta ofrece información cualitativa generada con base en las opiniones de los empresarios, con la finalidad de apoyar las decisiones que se tienen que tomar en esta etapa de reconstrucción. Cubre las ocho entidades que fueron mayormente afectadas, de tal forma que podemos ahora realizar estimaciones más certeras. De entrada, ahora sabemos que en estas ocho se localizan 2.3 millones de establecimientos económicos, que representan 41.4% del total del país y 35.3% del PIB. Del total de establecimientos, 16.1% tuvo alguna afectación derivada de los sismos, mientras que 39.3% tuvo que suspender labores. Inegi reporta que 43.2% de los que tuvieron que parar sus actividades fue por un solo día, 23.4% por dos días, 10.8% por tres y 22.6% por un tiempo mayor. Ante estos datos, nuestra primera conclusión es que el impacto sobre el crecimiento económico de septiembre será algo mayor a las estimaciones preliminares. La encuesta incluyó un apartado de expectativas sobre la actividad económica en el cuarto trimestre del año. Varían algo entre las industrias manufactureras, el comercio y los proveedores de servicios, pero entre 40% y 50% de los establecimientos estiman que su actividad económica será menor en el cuarto trimestre, mientras que tan solo entre 5% y 12% anticipan mayor desempeño. Esto nos lleva a nuestra segunda conclusión, de que también habrá algo de afectación al PIB del cuarto trimestre, aunque ciertamente menor al efecto inmediato en septiembre. En términos generales, podemos decir que, aunque el impacto global podría ser relativamente menor, sí veremos una recomposición entre las actividades. Por ejemplo, mientras que muchos servicios y comercios verán afectadas sus negocios por cierres y también por una menor demanda, otros como los relacionadas a la construcción se verán beneficiados ante una mayor demanda. Finalmente, el menor crecimiento que veremos en 2017 por estas tragedias, se lo podemos sumar (y hasta un poco más) al crecimiento de 2018.   Con Información de: Forbes México.  

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¿Qué ocurrirá en la economía mexicana con la victoria de Donald Trump?

La atención del mundo se ha situado en que ocurrirá en la administración de Trump y ha tornado el entorno de la pública en un mar de incertidumbre y especulación, sin embargo, no es momento sobre todo para las economías emergentes como México de caer en un alarmismo desmedido, es tiempo de pensar nuestra economía en función de la información con la que contamos y estar atentos a algunos desarrollos que pudieran ocurrir con sus posibles efectos económicos. Estos son algunos puntos a considerar sobre los efectos de corto plazo y sucesos a los que debemos prestar atención: La volatilidad cambiaría va continuar, lo cual hace previsible que eventualmente Banxico tenga que intervenir con un alza de tasas. Si no ocurre algún anuncio escandaloso -como que se reiterara la intención de salir de NAFTA- el tipo de cambio no debería tener una sobre reacción tan grande, es decir se debería mantener alrededor de los 20 pesos, esto si pudiera llegar a generar el traspaso a precios. La incertidumbre que existe en la economía internacional hará más cautelosas las decisiones de inversión haciendo los flujos financieros más escasos e incluso puede causar en alguna medida una reversión de los flujos de la IED. El efecto que esto puede suscitar -además de cambiario- puede hacer que se deteriore más rápido el déficit de la cuenta corriente y hacer más difícil que se financie con la cuenta de capitales, el efecto puede ser un mayor déficit en la balanza de pagos, lo cual puede llevar al gobierno a implementar una mayor consolidación fiscal. El efecto de los puntos 1 y 2 en su conjunto puede reflejarse en un menor crecimiento en el corto plazo, y un menor crecimiento en el PIB potencial en el largo plazo. Tasas de interés más altas pueden frenar el consumo interno -actual motor del crecimiento- en dado caso la estabilidad macro si puede deteriorarse significativamente. En gran medida estas dinámicas serán gobernadas por la incertidumbre, lo que Keynes llamaba “los espíritus animales”, no por los fundamentales de la economía. El verdadero impacto económico no lo podremos deducir hasta saber más sobre planes de gobierno y políticas públicas específicas, sin embargo, si existe un riesgo anticipado de que la economía de USA que se encontraba en recuperación detenga este proceso y en dado caso podría tener efectos adversos sobre nuestra economía, frenar un poco más el crecimiento aquí -vía menor demanda de exportaciones por el ciclo industrial en USA-. Hablar de una recesión en Estados Unidos a estas alturas es muy anticipado. Una cuestión muy curiosa a observar en el futuro es que ocurrirá con la Reserva Federal; es posible prever con alguna certidumbre que Trump no mantendrá a Janet Yellen al frente del banco central. Si así sucediera será de suma importancia conocer de qué forma conducirá la política montería quien quede a cargo por las implicaciones que puede tener en la normalización de la política montería en el mundo. Los tratados comerciales serán el centro de la incertidumbre, pero es quizá donde menos cambios ocurran por la naturaleza de los mismos y los enormes intereses que están detrás de ellos y alrededor del enorme valor económico que tienen, no obstante, el TPP quizá si este muerto en cuanto a su relevancia, México y otros países podrían ratificarlo pronto pero su valor sería reducido y sus costos elevados. Los temas de largo plazo también son asuntos que será importante observar, sobre todo lo relacionado con los acuerdos climáticos, sobre todo el acuerdo con China y las tensiones geopolíticas en el mundo. Sin embargo, es importante considerar que estos temas tienen aún más incertidumbre y esta no se disipará hasta que inicie la nueva administración. Es importante que aprovechemos el momento para repensar la economía en el país y la importancia que tienen la desigualdad y los perdedores de los procesos de globalización en el mundo y el rol que tiene el estado en compensar a los perdedores para que se garantice la igualdad de oportunidades y una vida democrática plena. Releer los trabajos de Dani Rodrik, Branko Milanovic, Barry Eichengreen, John E. Roemer, Angus Deaton, Jacob Hacker, entre otros que pueden servir para darnos luz y entender cómo suceden estas cosas y que las causa, que fenómenos están detrás. Es importante recordar que el pánico nunca ha sido un buen consejero en la economía, la gente se debe dar cuenta de la situación de incertidumbre que existe y debe manejarla sin caer en alarmismo. En estos momentos hay más cosas inciertas y lo que menos se necesita es una profecía auto-cumplida. Hay que evitar asumir demasiado y procurar ser prudentes en la formación de expectativas. Muchos otros puntos son importantes más allá de lo económico, pero al menos en este sentido, debemos esperar a saber más, reflexionar más y no caer en la tentación del miedo o la depresión.   Con Información de Forbes México

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La edad más complicada para gastar en salud

Conforme la población envejece las necesidades de salud se vuelven más complejas. Para el caso de consulta médica, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012 menciona que diabetes, enfermedad vascular y efectos de la obesidad corresponden al 10% de las consultas de la población general y llegan a representar hasta la tercera parte, a partir de los 50 años. En hospitalizaciones el impacto del envejecimiento es aún más fuerte. El Informe al Ejecutivo Federal y al Congreso sobre la situación financiera señala que las hospitalizaciones del grupo de población de 65 años y más, han crecido más del doble, entre principios de los 90 y la década actual. Esto puede ser sólo el comienzo de una vorágine de necesidades por servicios de salud ya que la población de 60 años y más, que se encuentra en un nivel cercano al 10% del total, llegará a representar poco más de la cuarta parte en 2050. Parece muy lejos, pero lo que pase en el trayecto es lo que pone en jaque al financiamiento y provisión de servicios médicos. En el caso de la población adulta mayor, el uso de servicios privados puede representar una fuerte carga económica, ya que de acuerdo con el Diagnóstico del Programa de Pensión para Adultos Mayores del Gobierno Federal, cerca del 80% de las personas de la tercera edad carece de pensión. Este trinomio perverso: gastar en servicios privados, no contar con pensión y estar en riesgo de enfermarse más, obliga al marco regulatorio a encontrar un esquema de aseguramiento y financiamiento adecuado. Afortunadamente las coberturas de gastos médicos mayores comienzan a flexibilizarse para incluir prevención y tratamientos en enfermedades y grupos de edad específicos, pero aún falta avanzar en el sentido de mejorar la eficiencia del gasto privado en salud, para reducir su impacto en el bolsillo de las personas, que actualmente destinan alrededor del 60% a medicamentos y poco más del 25% para atención ambulatoria (consultas). De acuerdo con el Sistema de Cuentas en Salud a Nivel Federal y Estatal (SICUENTAS) el gasto privado en salud per cápita se ha mantenido por encima del gasto público: 3 mil 918 pesos al año vs 3 mil 731, para 2010. Cabe mencionar que el gasto estatal, el que realizan con sus propios recursos las entidades del país representa menos del 10% del total, de acuerdo con cifras del SICUENTAS. Por otro lado, el gasto público avanza como un tren cargado, muy lentamente, de representar 4.4% del Producto Interno Bruto (PIB) en 1990 a 6.4% en 2010; esto significa que solamente ascendió dos puntos en 20 años. Esta cifra está por debajo de los países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), los cuales promedian casi un 10% del PIB dedicado al gasto público en salud. Lo principal es que, más que dinero, agregar puntos del PIB para la salud significa ampliar el acceso efectivo a servicios de calidad. Sería deseable parecerse a los países más representativos de la OCDE, a través de la reducción de brechas en las características de la salud de la población.   Fuente: Forbes México

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